Nostalgia
De la novela de Frankenstein rescaté una frase que dice más o menos así: aunque la vida es un cúmulo de angustias, la protegeré. La vida es difícil, amigos, y no sé por dónde empezar a expresarlo.
Soy una mujer que, a pesar de su edad casi en tercer piso, aparento estar subiendo apenas el segundo, porque mis genes y mi estilo de vida no me permiten demostrar físicamente mi experiencia en la vida en general. Fácilmente se me subestima por mi apariencia juvenil y femenina, aunado al sin fin de estereotipos a los que estoy expuesta por ser mujer, por parecer joven, por usar lentes, por tener caderas anchas, por vivir en donde vivo, por ser mujer, por ser mexicana, por mi forma de hablar, por mi forma de ver el mundo, por la carrera que estudio, y un sin fin de etcéteras que, a la larga, no tienen sentido en sí mismos, pero que, aún así, existen. Y aunque nadie está excento de ser partícipe de algún estereotipo ridículo, hay ocasiones en las que algunos son más vulnerables que otros ante el peligro de estar muertos, como lo estoy yo hoy en día, por los estereotipos en los que me encierran otros.
El país de México se ha convertido en la fuente principal para conseguir cuerpos de mujeres con el fin de aumentar la mercancía para la trata de blancas. Esto es algo que va más allá de un feminicidio que ahora parece algo muy simple. Un feminicida busca una víctima femenina con la cual demostrar supuestas hombría y supremacía de las maneras más inhumanas e infames, una y otra vez, hasta matarla. No importa si es una infante de apenas 5 años, o si es una mujer sextagenaria, la agresión siempre tiene el mismo fundamento: la idea de que las mujeres no son personas y todo lo que eso implica.
Si yo vivía con problemas de ansiedad y depresión, he pasado al siguiente nivel en las últimas semanas, sino es que meses. Es algo que va más allá del miedo y la angustia. Me atrevo a pensar que vivo con terror. El terror de ser robada, de ser arrancada, mutilada, quemada, descuartizada en vida, salgo de mi casa con los ojos abiertos y la mente despierta, con los sentidos agudizados y mis emociones inflamadas. La tortura es espantosa, es agobiente y, sobre todo, agotadora. Mis días los termino con toda yo pulverizada, mis ganas de vivir se desvanecen y cada vez el deseo de convertirme en una nube aumenta.
Quisiera ser una nube, tener la forma que me de el viento, llorar mis cargas y que el sol me traspase. Ser una simple observadora que ve todo lo que su masa abarque y desaparecer cuando los aires se violenten.
No quiero salir nunca de mi casa, no quiero saber nada del exterior, no quiero seguir con esta vida que sólo me hace sentir putrefacción por dentro y fuera de mi. Y sin embargo eso es lo que me motiva a seguir, porque quiero para mi una vida sin miedo, sin límites ridículos, sin topes que me hagan pensar que no valgo como persona, ni mucho menos como mujer. Quiero darme a mi el mundo y la vida que merezco vivir, con amor, con razón, con sabiduría, con gatos, dulces y helados. Seré la nibe que me cubra con una sombra refrescante y que haga inundar las desdichas.
Escribo en desorden porque así está todo dentro de mi cabeza, pero escribir también me ayuda a poner las cosas en orden. Cómo quisiera poder ser más lista para que ordenar todo fuera más fácil.
Soy una mujer que, a pesar de su edad casi en tercer piso, aparento estar subiendo apenas el segundo, porque mis genes y mi estilo de vida no me permiten demostrar físicamente mi experiencia en la vida en general. Fácilmente se me subestima por mi apariencia juvenil y femenina, aunado al sin fin de estereotipos a los que estoy expuesta por ser mujer, por parecer joven, por usar lentes, por tener caderas anchas, por vivir en donde vivo, por ser mujer, por ser mexicana, por mi forma de hablar, por mi forma de ver el mundo, por la carrera que estudio, y un sin fin de etcéteras que, a la larga, no tienen sentido en sí mismos, pero que, aún así, existen. Y aunque nadie está excento de ser partícipe de algún estereotipo ridículo, hay ocasiones en las que algunos son más vulnerables que otros ante el peligro de estar muertos, como lo estoy yo hoy en día, por los estereotipos en los que me encierran otros.
El país de México se ha convertido en la fuente principal para conseguir cuerpos de mujeres con el fin de aumentar la mercancía para la trata de blancas. Esto es algo que va más allá de un feminicidio que ahora parece algo muy simple. Un feminicida busca una víctima femenina con la cual demostrar supuestas hombría y supremacía de las maneras más inhumanas e infames, una y otra vez, hasta matarla. No importa si es una infante de apenas 5 años, o si es una mujer sextagenaria, la agresión siempre tiene el mismo fundamento: la idea de que las mujeres no son personas y todo lo que eso implica.
Si yo vivía con problemas de ansiedad y depresión, he pasado al siguiente nivel en las últimas semanas, sino es que meses. Es algo que va más allá del miedo y la angustia. Me atrevo a pensar que vivo con terror. El terror de ser robada, de ser arrancada, mutilada, quemada, descuartizada en vida, salgo de mi casa con los ojos abiertos y la mente despierta, con los sentidos agudizados y mis emociones inflamadas. La tortura es espantosa, es agobiente y, sobre todo, agotadora. Mis días los termino con toda yo pulverizada, mis ganas de vivir se desvanecen y cada vez el deseo de convertirme en una nube aumenta.
Quisiera ser una nube, tener la forma que me de el viento, llorar mis cargas y que el sol me traspase. Ser una simple observadora que ve todo lo que su masa abarque y desaparecer cuando los aires se violenten.
No quiero salir nunca de mi casa, no quiero saber nada del exterior, no quiero seguir con esta vida que sólo me hace sentir putrefacción por dentro y fuera de mi. Y sin embargo eso es lo que me motiva a seguir, porque quiero para mi una vida sin miedo, sin límites ridículos, sin topes que me hagan pensar que no valgo como persona, ni mucho menos como mujer. Quiero darme a mi el mundo y la vida que merezco vivir, con amor, con razón, con sabiduría, con gatos, dulces y helados. Seré la nibe que me cubra con una sombra refrescante y que haga inundar las desdichas.
Escribo en desorden porque así está todo dentro de mi cabeza, pero escribir también me ayuda a poner las cosas en orden. Cómo quisiera poder ser más lista para que ordenar todo fuera más fácil.
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